Gestión social de riesgos y su
aplicación en comunidades locales
El ser humano vive en un planeta que está en continuo cambio, motivo por el cual a lo largo de la evolución se presentado diferentes eventos que afectan a la población y aunque no se quieran aceptar ocurren, adicional existen factores externos como, la contaminación, la deforestación entre otros, causando que el equilibrio de la tierra poco a poco se pierda y se presenten cada vez con mayor frecuencia eventos que muchas veces pueden ser catastróficos para una comunidad determinada, por lo que necesario desarrollar acciones a corto, mediano y largo plazo con el fin de estar preparados para el momento en que se pueda presentar eventos que ocasionen desastres, pero las comunidades por dichas acciones previas mantengan la residencia. Todas las acciones que se realicen previo a evitar desastre comunitario, se conocen como “Gestión del Riesgo comunitario.
Porque ocurren los desastres
Porque las poblaciones están ubicadas en sectores que las hacen susceptibles de ser afectadas por eventos como huracanes, sismos, inundaciones, erupciones volcánicas.
Amenaza
Son todo los factores que ponen en peligro la seguridad de la población que habita en un determinado territorio.
AMENAZA NATURAL (A)
Procesos o fenómenos naturales con suficiente
intensidad, en un espacio y tiempo específicos,
para causar daños.
NO CONTROLABLE O PARCIALMENTE
CONTROLABLE.
VULNERABILIDAD (V)
Condiciones resultantes de factores físicos,
socioeconómicos y ambientales que
aumentan la susceptibilidad de la
comunidad a los impacto de amenazas
CONTROLABLE
RIESGO (A, V)
Probabilidad de pérdidas físicas,
socioeconómicas y ambientales como resultado
combinado de la amenaza y la vulnerabilidad.
De manera general y resumida es
posible decir que consiste en la “exposición, fragilidad y susceptibilidad al
deterioro o pérdida de los elementos y aspectos que generan y mejoran la
existencia social” (Mora y Barrios, 2000). La vulnerabilidad aceptada significa
también la sustitución de un diseño adecuado por uno menos desarrollado, lo que
puede resultar en pérdidas humanas y de asentamientos, infraestructura y
actividades productivas.
La vulnerabilidad también puede
interpretarse como un problema económico con profundas raíces sociales y que
debe resolverse pronto, o de lo contrario la inversión para reparar o reponer las
obras, bienes y servicios destruidos por los desastres se hará inmanejable y
costosa.
En los últimos decenios, la
vulnerabilidad ambiental y ante las amenazas ha aumentado dramáticamente en
América Latina y el Caribe, como consecuencia de la degradación ambiental, la
expansión urbana, rápida y desordenada, el aumento de la pobreza y la
marginalidad, el desarrollo de la infraestructura y la producción de bienes y
servicios sin tomar en cuenta las medidas preventivas adecuadas (diseño, ubicación,
control de calidad de la construcción y mantenimiento), y el uso incorrecto del
espacio.
Debido a todo lo anteriormente
expuesto, se impone entonces un cambio de paradigma. Así, en lugar de focalizar
la atención en los desastres ocurridos, la prioridad estaría centrada en el
análisis y solución ex-ante de las causas y efectos que los generan. Los conceptos
acciones pueden fundamentarse en las fases de un ciclo para la reducción de los
factores de la vulnerabilidad.
·
En la actualidad, en los países de América
Latina y el Caribe muchos de los pobladores y su infraestructura económica y
social son vulnerables a las amenazas naturales. Ello se debe a la falta de
conocimientos sobre el riesgo incurrido al ubicar sus viviendas en los lugares
que hoy ocupan, por la aplicación de prácticas inadecuadas de diseño y construcción,
por las modificaciones improvisadas y el alto nivel de deterioro de las edificaciones
y de la infraestructura en general, y por la falta de una cultura de mantenimiento.
La consideración
de estos aspectos requiere de la formulación y realización de actividades destinadas
a evaluar el riesgo y generar medidas de prevención y mitigación, para lo cual
el Banco dispone de un conjunto de herramientas vigentes y otras más en vías de
actualización e implantación. Algunas de estas medidas son, por ejemplo: la
creación de políticas, normas, marcos regulatorios y protocolos institucionales
para reducir el riesgo. Una sociedad consciente de su responsabilidad frente al
riesgo, y que toma las acciones apropiadas, reducirá con mayor eficacia su
vulnerabilidad.
·
Conocimiento y análisis de la zona y de las amenazas
presentes en el área de un determinado proyecto, teniéndose en cuenta que su
influencia puede extenderse mucho más allá de su punto de origen.
·
Identificación de la infraestructura económica y
social vulnerable y consideración de criterios adecuados para sus procesos de
planificación, diseño, ubicación, ampliación, refuerzo y construcción.
·
Identificación de planes o sistemas de vigilancia,
alerta y alarma de las amenazas que pueden afectar a cada sector.
·
Fomento de la participación de actores
relevantes en las decisiones sobre el riesgo aceptable y el manejo por la
población de su infraestructura económica y social.
·
Diseño e incorporación de indicadores, dentro del
marco de los sistemas de vigilancia, seguimiento y observación de impactos, lo cual
permitiría evaluar las amenazas y los
Factores de
vulnerabilidad, y asegurar las inversiones futuras.
Los países son
financieramente vulnerables a los desastres y los gobiernos enfrentan el reto
inmediato de responder a dichas situaciones, para lo cual tienen que movilizar
importantes recursos a fin de mitigar la adversidad y reactivar la economía nacional.
A pesar de la asistencia internacional, por
lo general se vuelve inevitable incrementar la deuda externa y reorientar
recursos y créditos vigentes destinados a sustentar el proceso de desarrollo en
otros sectores y regiones de los países.
Esto trae como
resultado la generalización del impacto del desastre, paradójicamente aún en
sectores y poblaciones que no habían sido directamente afectados. Algunas veces
los países afectados reconstruyen la vulnerabilidad y no realizan inversiones
en mitigación. Todo lo anterior coloca a los países ante un doble reto: dar
continuidad a los procesos para reducir la vulnerabilidad, con énfasis en la
prevención y mitigación, y la adopción de medidas financieras alternas ex-ante
para asegurar la reposición rápida, segura y eficiente de los bienes y
servicios que podrían perderse durante un próximo suceso. Se crea de esta
manera más flexibilidad fiscal y se evita el endeudamiento adicional y el
desvío de los objetivos prioritarios del desarrollo.
Debe admitirse entonces que el
conocimiento insuficiente sobre el problema del riesgo y las posibilidades de modificar sus condiciones
constituye también uno de los elementos determinantes que inciden en la
magnitud de los daños ocasionados por los desastres. Por ejemplo, los
Ministerios de Educación tienen la responsabilidad de crear campañas de
concientización para la reducción del riesgo en la educación formal.
Una tarea perentoria en el
funcionamiento del resto de los sectores es el desarrollo de políticas,
herramientas y capacidades que permitan la concientización de los tomadores de decisión
y de la población afectada sobre la prevención y respuesta ante los desastres.
Por un lado, la inclusión de estos criterios en las actividades propias de cada
sector, la formación de su personal y la transmisión de valores, visiones y
actitudes preventivas en la población en general, debe ser un eje prioritario
en la política de cada sector, de manera que pasen de ser sujetos impactados
por el problema a ser actores fundamentales para su solución.
Por otra parte, existe la
necesidad de reducir su propia vulnerabilidad, así como de establecer los enlaces
y coordinaciones multisectoriales que faciliten el acceso a la información
técnico-científica necesaria para ello.
CONCIENTIZACIÓN REGIONAL
El aumento del riesgo en América
latina y el Caribe no sólo proviene de la acción de la naturaleza, sino de la
vulnerabilidad elevada y manifiesta del tejido socioeconómico y del deterioro del
ambiente y los recursos naturales, empeorado por el crecimiento demográfico, el
desorden urbano y la visión de corto plazo en que actualmente se inspiran los
mercados, y que promueve el actual modelo de desarrollo. Es urgente, entonces, impulsar
un modelo con visión preventiva y la concientización que incorpore criterios
efectivos de prevención de desastres dentro de la planificación territorial,
sectorial y socioeconómica.
Desde la década de los ochenta,
la Organización de Estados Americanos (OEA) ha liderado una gran cantidad de
actividades, acciones y estudios para comprender el significado del riesgo y de
las vías y opciones para reducirlo. La CEPAL es reconocida por sus evaluaciones
acerca del impacto económico, social y ambiental de los desastres, las cuales
se han utilizado para fundamentar estrategias y planes de acción.
El trabajo subregional más
avanzado, orientado a reducir el riesgo, está siendo realizado en los niveles
supra-nacional y subregional por medio de instituciones tales como CEPREDENAC,
el Centro de Coordinación para la Prevención de Desastres Naturales en América
Central, y CDERA, la Agencia Caribeña para la Respuesta ante las Emergencias
causadas por Desastres. En ambas subregiones ha crecido la conciencia acerca de
la necesidad de mayores acercamientos a la gestión del riesgo, con un enfoque
en la dimensión ex-ante, después de los desastres recientes.
Sin embargo, la implantación de
las prácticas no está siempre a la par de los pronunciamientos en los discursos
políticos. La conciencia gubernamental en los países andinos está evolucionando
hacia la admisión de la necesidad de una gestión del riesgo más proactiva y en donde
se fomente el beneficio público de un entendimiento compartido más amplio de
las opciones de políticas.
Después de la secuencia de sucesos relacionados con
El Niño de 1997-98, el programa de la región andina para la prevención de
desastres y reducción del riesgo (PREANDINO) fue creado bajo el amparo de los presidentes
de los cinco países, seguido por el establecimiento, en 2002, del Comité Andino
para la Prevención y Respuesta a los Desastres (CAPRADE). También, como
innovación, se puede observar en algunos países el involucramiento creciente de
los Ministerios de Planificación, o sus equivalentes, en las organizaciones regionales
que promueven la gestión del riesgo, ampliando el enfoque centrado
tradicionalmente en la respuesta por parte de las defensas civiles. Sin embargo,
queda por demostrar su eficacia por medio de productos tangibles.
Las organizaciones regionales
antes mencionadas intentan promover la identificación y diseminación de la
información acerca de las amenazas naturales, las políticas de prevención y la
promoción de buenas prácticas para la gestión del riesgo por medio del trabajo
multisectorial. Otros esfuerzos de carácter internacional que pueden
mencionarse son promovidos por instituciones como las Naciones Unidas (Estrategia
Internacional para la Reducción de los Desastres-EIRD) que ha creado la Red de
Estudios Sociales para la Prevención de Desastres en Latinoamérica (RED),
consistente en un grupo interconectado de instituciones e investigadores que
trabajan en el área de la reducción de la vulnerabilidad, con el fin de crear
una plataforma para la promoción de la gestión del riesgo.
También existen otras
instituciones especializadas en diversos tópicos, como el Centro Regional de
Sismología para Sur América (CERESIS), el Centro Sismológico de América Central
(CSAC) y el Centro Internacional de Huracanes (CIH), el Centro Regional de
Información sobre Desastres (CRID) y el sistema OPS/OMS, las cuales han
comenzado a construir bases de información muy importantes acerca de las
amenazas naturales y la vulnerabilidad.
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